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Preparar a los niños para la vida

Jóvenes lectores  · 

Preparar a los niños para la vida

Por Mariona Bosch

Existe muchos libros sobre cómo afrontar la preparación de los niños para la vida adulta. Son todos muy diferentes en formato y tono. Hoy queremos destacar dos de ellos porque se acercan al tema de maneras muy diferentes, de forma sutil o directa, desde la ficción o desde el testimonio real.

Por un lado tenemos Adolescentes ¡qué maravilla! de Plataforma editorial. Puede parecer de entrada un título irónico o chocante pero se trata de un testimonio real de una madre sobre las conclusiones de su experiencia con la adolescencia de su hijo mayor. Eva Bach es, además de madre y autora del libro, maestra, formadora y licenciada en ciencias de la educación. Es por eso que queremos compartir aquí algunas de sus conclusiones y comentarios como ejemplo de reflexión sobre la preparación de los niños para la vida adulta.

Bach nos habla de la dificultad que experimentan los padres para canalizar el potencial y las capacidades de sus hijos durante esta fase adolescente y centra su mensaje en que la clave está en la capacidad para lograr una comunicación eficaz con los hijos que están pasando por esta etapa, una comunicación que de alguna manera logre que padres e hijos hablen el “mismo idioma”.

La autora afirma que en su faceta de formadora, se encuentra con que los padres de hoy en día ponen en segundo lugar las preocupaciones clásicas sobre la adolescencia (como pueden ser drogas, malas compañías, bullying, adicción a las nuevas tecnologías). Estos grandes temas, estos temas que habían sido la preocupación estrella hasta ahora, quedan reemplazados por una frustración que se impone por primera vez: la comunicación, cómo decirles las cosas a los hijos para que respeten la figura de los padres y, en consecuencia, les hagan caso. La preocupación de hoy día se centra en qué hacer o decir para que mejore la convivencia, para formarles como adultos responsables y para que acepten los consejos de los padres.

adolescentesBach nos viene a decir que hay un problema en la forma de entender la autoridad y de ejercerla por parte de los padres. Aprender a ejercerla desde la ternura es un reto pendiente que implica respetar los derechos del adolescente y exigir a su vez que cumpla con sus deberes y obligaciones; el secreto de alguna manera se encuentra en conjugar autoridad y dulzura. En este sentido, encontrar las palabras justas sobre ciertos temas resulta clave, según ella, así como practicar con el ejemplo; es decir, para poner a los hijos en su lugar, primero deben los padres ponerse en el suyo.

Leyendo este libro se puede llegar a la conclusión de que la dificultad no está propiamente en la adolescencia, sino en el concepto que tiene hoy en día el ser un adulto. Como comenta la autora, anteriormente se valoraba positivamente el hecho de entrar en el mundo adulto, era un adjetivo positivo, valioso. Hoy día la valoración de lo que significa ser adulto tiene connotaciones negativas para un adolescente, pues queda asociado con algo aburrido, desprovisto de emociones y perspectiva, es en definitiva, una etapa que no se quiere alcanzar y por tanto es más apetecible permanecer en la adolescencia perpetua como sinónimo de diversión, evasión, de búsqueda del sentirse especial y de una vida desprovista de preocupaciones. Semejante retrato ha contagiado a los adultos, que se comportan de manera parecida y pierden la posibilidad de diferenciarse y de actuar como referencia que contrarreste los impulsos adolescentes. Bach está pidiendo a los padres que ocupen su lugar de padres, no de excelentes compañeros, un lugar de equilibrio entre el amor y autoridad, entendiendo que la primera no es sobreprotección ni la segunda imposición.

Y en la asimilación o diferenciación respecto al legado de sus padres está Arrietty, la protagonista de Los incursores de Blackie Little Books, una joven de quince años que vive con sus padres; una orgullosa ama de casa y un “incursor” de primera categoría. Porque Arriety y su familia son pequeños seres que viven escondidos en la casa de unos humanos y aprovechan para recopilar pequeños objetos para construir los espacios donde viven. Son los últimos de su tipo que viven allí y su mayor temor es ser descubiertos por un humano y por eso el arte de incursionar para llevarse objetos es toda una especialidad que el padre de Arrietty toma el riesgo de asumir. Sin embargo, Arrietty se plantea que ella debe también aprender a incursionar para poder ser autosuficiente y alimentar a su familia en caso de que le pasara algo a su padre en una expedición.

Arrietty, aparte de estar ansiosa por “incursionar”, quiere vivir junto a otras familias de incursores y tener amigos. Las incursoresnormas que han establecido sus padres para garantizar su supervivencia le privan de la libertad que su adolescencia le pide a gritos. Como buena adolescente es inconformista y quiere conocer el mundo. Así que su padre acepta que le acompañe en sus incursiones. Sin embargo, en una de ellas un chico que vive en la casa la descubre e inician una amistad. Vivimos el debate de Arrietty entre el peligro al que ha quedado expuesta su familia por haber sido descubiertos por los humanos y los nuevos lazos de amistad con el chico. La unión familiar y la amistad son debates a los que se enfrenta esta joven y que serán el detonante de que su familia tenga que salir a conocer el mundo exterior. En Los incursores la cuestión de la sobreprotección de los niños está tratada de forma sutil y cautivadora, así como en las relaciones familiares se ve la importancia de encontrar el punto de equilibrio entre amor y autoridad, y que la primera no es sobreprotección ni la segunda sometimiento.

Los incursores no es un libro pensado para hablar del choque generacional o de las expectativas (a veces rompedoras) de la adolescencia. Y sin embargo lo hace, desde la ficción, entre líneas y de forma magistral.

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Palabras clave de este post: cuentos infantiles, familia, adolescencia

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