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Quién dijo que me aburro en verano

La hora del cuento  · 

Quién dijo que me aburro en verano

Por José María de Arquer

¿Un verano sin teléfono móvil es un verano aburrido? Descrubrámoslo con este cuento veraniego sobre diversión y aburrimiento.

Había un grupo de niños sentados en torno a una piedra. Tecleaban la pantalla de sus teléfonos móviles a excepción de uno, que protestaba porque se le había acabado la batería. Pero parecía que nadie le prestaba mucha atención.

Pronto se sintió fuera de onda. Aunque no hablaban, todos sus amigos tenían una charla virtual animadísima y se reían, o abrían mucho los ojos, o soltaban una palabrota.  Menos él, que no tenía batería.

No tenía móvil.

No tener móvil era lo peor.

Era como estar enfermo y aislado del mundo.

Peor aún, era como ser huérfano.

En cualquier caso, te morías de asco.

Observó que, algo más lejos, una niña se movía sigilosamente entre los árboles. Decidió ir a investigar.

–¡Shhhh! –le advirtió la niña cuando se puso a su lado–. ¡No hagas ruido!

Miraba dos palos que saltaban alegremente de un sitio a otro en un pequeño claro.

Boing, boing, boing…

El palo más largo se doblaba para que el pequeño se pusiera en el centro, de tal forma que cuando el largo se destensaba, el pequeño salía disparado.

–Yuhuuuuuu –gritaba ese cada vez que daba tumbos por el aire.

Constantemente se juntaban y repetían el juego.

Al final, la niña abandonó su escondite y se dejó ver. Se dirigió a los palos.

–¿Qué estáis haciendo? –les preguntó.

Ellos se quedaron rectos sobre el suelo, en pie como dos estacas.

–Estooo… –respondió el mayor, frotándose las costillas algo cansado de tanto doblarse–. Estamos jugando.

El niño se adelantó.

–¿A qué jugáis?

El palo pequeño dio vueltas sobre sí mismo antes de responder.

–¡Yo soy una flecha!

Y el palo mayor dijo:

–¡Y yo el arco! Pero este flacucho sale dando tumbos cuando le arreo. ¡Así no hay forma de acertarle a nada!

El pequeño protestó:

–¡Pero es que tú no sabes dispararme bien! ¡Siempre me sacudes antes de tiempo!

–¡No, no, tú que no sabes quedarte quieto mientras yo apunto!

–¡Pero si no tienes puntería!

El niño decidió intervenir en aquella discusión:

–¡Eh, eh, chicos! ¿Cómo vais a acertarle a una diana, si no tenéis cuerda?

Los palos se quedaron callados. ¡El niño tenía razón! ¿Cómo ser un arco de verdad sin una cuerda que dirija la flecha?

La niña sacó de su bolsillo un hilo largo de algodón.

–Yo puedo ayudaros –y se dirigió al palo grande–. ¿Me dejas que te ate la cuerda a los extremos?

El palo grande sonrió y el pequeño dio varios botes.

–¡Sí, sí, por supuesto!

–¡Y a mí me pones unas plumas para mantenerme firme durante el vuelo!

En fue así que, en un momento, los dos palos se convirtieron en un verdadero arco y en una verdadera flecha. Y la flecha iba tan bien que, mientras volaba, incluso tenía tiempo de hacer alguna pirueta.

Y como estaban tan agradecidos, los palos dejaron que los niños jugaran con ellos.

Y qué bien pasaron esa tarde los niños, ¡con solo dos palos!

Podéis imaginar lo poco que tardaron sus amigos en unirse al juego…

 

FIN

Dibujo de Marían Seguí, “Quién dijo que me aburro en verano” – Verano 2015

Texto: José María de Arquer

@JmdeArquer 

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Palabras clave de este post: cuento infantil, cuento para niños, cuentos infantil corto

José María de Arquer  ·  @JmdeArquer

Autor de la novela juvenil CUSTODIOS y de la colección de cuentos infantiles POL AVENTURER. Colabora habitualmente en la página de fomento de lectura infantil y juvenil Boolino, con la aportación de cuentos breves. Como profesión, realiza trabajos de investigación técnica en el mercado asegurador y es también colaborador de algunos proyectos sociales de desarrollo de los más jóvenes.

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ángeles Bodi

Chules les histories. Es un plaer. Petons