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Selectividad

La hora del cuento  · 

Selectividad

Por José Alberto Miras Franco

Los cuentos no son solo para niños ni enfocados a los más niños, hoy os traemos un cuento para nuestros lectores más mayores.

         Llevo toda la mañana esperando a que salgan las notas de mis exámenes de selectividad. Mis característicos nervios de acero han dejado paso a los propios de un flan: no paro de moverme de un sitio para otro. He ido al baño incluso un par de veces para "desahogarme" (bueno, ya sabéis lo que quiero decir). Quizá se deba a mi frenética actividad cerebral, pero me he dado cuenta de que al tirar de la cadena parecía que estaba en un lugar distinto, como inmerso en una irrealidad que, sin embargo, conocía a la perfección. Me parece que estos últimos días, en los que mi descanso ha sido arrebatado por los apuntes de Latín, Historia del Arte, Griego, Lengua, Filosofía e Inglés, he perdido un poco el norte.

         Actualizo mi ventana en el navegador. Nada. Decido aislarme un poco y visitar mi red social preferente por si he recibido algo. Es extraño, la verdad. Creo recordar que los botones de notificación de alertas estaban situados en la parte superior derecha. ¿Qué demonios hacen ahora en la izquierda y sobre un fondo gris? Ninguno de ellos refleja nada, pero hay varias actualizaciones de mis contactos. Deslizo poco a poco hacia abajo para ver qué hay escrito. Una foto de un chihuahua con mirada manipuladora ante alguien que está engullendo algo. Un mensaje en chillones tonos de color que ni me molesto en mirar. Pero algo llama mi atención: una noticia compartida por un tal Ossegin Mastratch. ¿Este quién es? ¿Cuándo he agregado a mi red a alguien con ese nombre? ¿Habré sufrido una intrusión? Le doy directamente al enlace y leo esto: «Conservados mil envases de plástico en el vertedero municipal». Esta vez sí que no me he cortado: ¡¿Qué es esta basura?! Leo, pero no comprendo nada. Todo es incoherente, surrealista. Sin embargo, es como si tuviera sentido.

 

         Regreso a la ventana donde deben aparecer las notas. Actualizo. ¡Ahora sí! El breve texto «Calificaciones de junio 2017» está enlazado.  ¡Veamos! ¡Sí, abajo pone «apto»!, pero no veo las notas de las asignaturas, solo una pantalla negruzca que se desvanece ligeramente. Oigo algo ahora aquí al lado. Me siento raro. Yo...

* * *

—Niño, levanta, que son las siete y media.

—¿Qué pasa?

—Que tienes instituto hoy, hombre. ¿Qué quieres para desayunar?

* * *

         Ha sido un sueño. Me estoy jugando mucho de cara a la universidad y la prueba de acceso se acerca impenitentemente. Me dicen que no me obsesione, pero no pensar en esos días decisivos no es pan comido, como sí es la selectividad en sí, según me han dicho amigos y conocidos mayores que yo. Si la he superado en un sueño, también lo puedo hacer en la realidad. Estoy seguro. Cada día que hay de margen es una oportunidad para prepararme, para seguir pujando por lo que quiero ser, por mi futura identidad profesional. Serán muchas las barreras emocionales que habrá que superar, pero ahí está la gracia: ser capaz de poder con lo invisible para materializar un triunfo que solo se ve tras haber sacrificado tu tiempo. Ya tengo la mochila a la espalda. Voy camino de clase. Voy a seguir luchando por mi sueño.

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Palabras clave de este post: cuentos infantiles, cuentos para niños, la hora del cuento

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